Sin Temor… Ni Favor…
Reviviendo Muertos
Luis H. Arthur S.
Habíamos prometido para el sábado pasado la
publicación del Acta Original de Defunción de José María Imbert, tomada del Libro
III de Defunciones de la Iglesia de Puerto Plata, preservado en “Micro Films” por
los Mormones.
Acta del 1848, con 161 años a cuestas,
lógicamente está muy “sucia”, no sólo amarilla por los años, y hubo de ser sometida
a unas 40 horas intensivas de trabajo en Photo-Shop.
Cuando éste concluía, recibimos los
Archivos de Toulón, Francia de la época, Villa está
en que dice el Acta de Defunción que nació, y frenéticamente hemos revisado más
de 3000 de ellas, en agotadoras jornadas de hasta 14 horas, alrededor de la época
en que se supone que él nació, 1798 al 1801, pues a su muerte en 1848 según
dicha Acta de Defunción, contaba con 48 años de edad.
A pesar de este duro esfuerzo de una
semana, aun no la hemos encontrado, aunque si a un Simón Imbert de unos treinta
años, casado con Marie Anne Lion de unos 3 años menos. Los nombres son los mismos que los padres de
José María, pero el apellido de la madre es distinto. También encontramos a dos niñas y un niño
hijos de este matrimonio. Aun nos faltan
miles de actas más que escudriñar, lo que nos tomará bastante tiempo, pues la
vista se agota ante una proyección donde hay que forzar la vista para no errar
en la búsqueda por cansancio o rapidez, amén de que están escritas con tinta a
mano, con letras no siempre cuidadosas y para colmo en francés. Fechadas con el calendario revolucionario de la
época, y hay que ser muy cuidadoso al hacer la conversión a nuestro calendario
gregoriano.
Esperamos en unas semanas siendo
optimistas, tener buenas noticias, y poder dejar definitivamente establecida su
ficha genealógica.
Relato esto, porque sigo recibiendo correos de personas que piensan que el
hacer una genealogía es como ir al supermercado y llenar un carrito, pagar y
ya. No saben del tiempo, cuidado y paciencia
que lleva hacer un trabajo serio y preciso, son años, décadas; ni del placer
que se siente cuando se encuentra un acta, que comprueba o descarta los cuentos
y mitos de la tradición familiar. Cuando
tenemos la posibilidad de revivir a muertos, recordándoles, sacándoles del olvido
y haciendo que otros le recuerden.
S. Domingo,