Sin Temor… Ni Favor…
Genealogía II
Luis H. Arthur S.
Como la Genealogía se vuelve cada vez más
estricta, todos debemos de documentar nuestra parentela, y para ello no basta
la tradición oral que es por donde se empieza, con los cuentos de la tía más informada,
sino que debemos ir a los actos auténticos civiles y religiosos y otros
documentos para nutrirnos y poder hacer una afirmación de filiación cierta y
contundente.
Estas fuentes a veces son
escurridizas, pues los gobiernos, sobre todo los nuestros, son descuidados y
con la buena ayuda de muchas revoluciones, ciclones, fuegos, la humedad y el
calor de nuestro trópico, amén del descuido al almacenar, trasladar y tratar
estos documentos, que no siempre se hacen en papel apropiado, libre de alumbre,
que los destruye en menos de 100 años, estas pruebas legales desaparecen. La que nunca desaparece es la prueba
genética, pero nuestros ancestros, salvo los más cercanos aún vivos, ya no
están para mostrar sus genes.
En el pasado han habido
genealogistas que se respetan, verdaderos investigadores profesionales y
éticos, que no esconden lo malo ni agregan lo que les parece conveniente, que
no comercializan con el deseo de relevancia de algún líder político, sino que
se ciñen a lo estrictamente encontrado, pero hay otros, como la cerveza
“light”, que desgraciadamente son muchos, comerciantes unos, descuidados otros,
que sin ninguna investigación repiten lo que otros igual que ellos dijeron y
aquello se vuelve un proceso de desinformación y distorsión que lleva a nuevas
generaciones a errores, sin ninguna base.
Un caso típico es el de los Duarte
del este del país que se criaron creyéndose familia del Patricio, y hace poco
fue demostrado, que no lo son, pues sus ancestros eran anteriores a la llegada
del padre del Patricio y no existen vínculos documentales, probatorios de esa
tradición.
Es penoso que muchos prohombres y
mujeres de nuestra tierra, no tengan claramente establecida su genealogía,
posiblemente por descuido de las autoridades, que no promueven ni cubren
investigaciones serias y oficiales para encontrar estos datos, y se da el caso
de personas, aún en posiciones relevantes, repitiendo errores, creando nuevos y
cada uno diciendo algo distinto y hasta contradictorio sobre un mismo
personaje.
Es tiempo de tener datos oficiales
confiables y estandarizados.
S. Domingo,