Sin Temor… Ni Favor…
A qué se meten
Luis H. Arthur S.
Todo país y aun
los bellos paisajes, tienen que tener un andamiaje jurídico que no sea frágil,
pues de lo contrario, nadie tiene seguridad de que le respetarán sus derechos
de ley.
Todos
los días se ejecutan contratos bajo firma privada en que dos o más actores acuerdan
servicios, mercancías, maquinarias y establecen las clausulas, términos y
tiempo de vigencia, amén de las sanciones y penalidades por su incumplimiento.
Cada
día se terminan contratos sea porque el tiempo perimió, la mercancía,
maquinaria o servicio se rindió y esto es como el salir del sol, que sucede generalmente
sin mayor trascendencia.
Todo
contrato eventualmente implica a personas y equipos.
China
será la sede de las olimpiadas que empiezan la próxima semana. Desde hace unos 5 años se viene ejecutando
carreteras, aeropuertos, túneles, trenes, edificaciones, y un sin número de
obras, que a medida que se concluyen los contratos desaparecen, así, con la
misma tranquilidad con que se crearon, siempre con respeto de las clausulas del
mismo. Es algo tan natural en el mundo
moderno y jurídico, que me luce hasta necio estar hablando tanto de ello.
Ahora
vienen los contratos de mantenimiento, servicios, comida, transporte y toda la logística
de tal evento y la mayoría terminarán pronto.
Lo
mismo que nacen así mueren y pueden hacerlo, como ya
dije, a su vencimiento o al romperse antes con las indemnizaciones pertinentes.
No alcanzo
a comprender como la Presidencia, manejada por dos abogados y la Secretaria de Trabajo
tiene que mezclarse en algo tan normal y natural. Retrasar, no hacer cumplir la ley y dar
publicidad a algo que tiene una clara y definida solución, sin que pueda haber
ninguna otra que no sea impuesta fuera de derecho. Es arriesgar el prestigio propio y el de la nación
y su seguridad jurídica para nada, logrando sólo alertar a otros interesados en
seguir o venir a invertir en este país.
Era gerente
de producción de una empresa en México que suplía terminales de latón para
transformadores a otras dos empresas.
Vino el Cafta, consiguen mejores precios y
calidad que no pudimos igualar y nos suspendieron el contrato. Los empleados, su sindicato, los hornos,
moldes, etc., fueron nuestro problema.
Nadie nos compensó.
S. Domingo,