DESTRUCCIÓN IRRACIONAL
Por: Luis H. Arthur S. www.luis.arthur.net www.luisharthur.blogspot.com 18 Diciembre 2006
Hará par de años regresaba de viaje y una prima me notificó que estaban “remodelando”
el Cementerio de Puerto Plata. Iban a conectar la entrada principal con la secundaria,
para facilitar la circulación de vehículos.
Los viejos nichos donde tantos antepasados estaban enterrados, algunos con
más de un siglo, estorbaban y los iban a demoler. Cierto que estaban en malas condiciones, con
sus muros de ladrillo deteriorados por el tiempo, la lluvia y las raíces de los
árboles, dado el abandono ancestral a que han estado sometido. Ignoraban que los
monumentos no se remodelan, se reconstruyen.
Me apersoné a los dos días y uno de los cuidadores, quien dijo ser
representante del encargado, me notificó que si no sacaba mis muertos iban para
la fosa común. Como genealogista,
acostumbrado a visitar cementerios como fuente de datos tanto en mi país como
en varios otros, protesté, pero la realidad era que ya tenían destruida parte
de los mismos. Mande a hacer varios osarios
y una semana después fui con dos primos
a sacar los restos de los bisabuelos, tíos y tías y depositarlo en el panteón
familiar, donde también descansaban ya los de mi abuelo, abuela y una tía paternos
que mi primo había ya mudado.
Por años he estado visitando ese cementerio y viendo el deterioro, la
desaparición de tumbas, el saqueo de verjas y de ornamentos y la violación rampante
de tumbas. Es penoso ver como se pierde
la historia de un pueblo, de una nación ante la indolencia y mediocridad de
nuestras autoridades municipales, que ni siquiera tienen cabal idea del daño
tan criminal que están haciendo.
Al terminar el retiro de mis parientes, sin papeles ni actas, vi que nadie había
tocado los de muchos prohombres y restauradores como Segundo Imbert, el
La tea incendiaria destruye sin rubor.
Hoy quieren revivir y peatonizar el centro histórico de Puerto Plata,
mientras las cenizas y lapidas de sus creadores son irrespetuosamente borradas
por la ignorancia y la barbarie, alterando el descanso de sus restos. ¡El
patrimonio común no se destruye!
luis@arthur.net